Recientemente publiqué un artículo sobre la imponente batalla que libraba una Startup consolidada como Pebble frente a los gigantes del sector tecnológico por el menguante mercado de los smartwatches. En él comentaba como un producto acertado era capaz de plantar cara a desarrollos más complejos y avanzados.

Pues bien, el epilogo de este capítulo no acaba con una comilona de perdices para Pebble, sino con su venta por casi 40 millones de euros a Fitbit. Finalmente, Pebble ha perdido su particular guerra por sobrevivir a base de buenas ideas con los recursos más escasos. Casi 40 millones de euros podría interpretarse como un éxito, pero cuando hace un año se estimaba su valoración en torno a los 740 millones de euros se hace palpable como la situación de Pebble se encontraba al límite.

Cuando Fitbit acudió a su peculiar “Black Friday” se llevó a una empresa como Pebble como una ganga: compró su software, patentes y 40% de su personal, todo libre de deudas y recargos de los que Fitbit no se hizo responsable en el acuerdo. Sin embargo, uno de los aspectos más destacables de este acuerdo es el respectivo a la propia marca de Pebble, que queda relegada al pasado. Ya no veremos más Smartphones de Pebble.

Con este movimiento Fitbit intenta apuntular la situación descendiente que lleva sufriendo los últimos meses. El mercado de los smartwatches está absorbiendo numerosas funciones de la salud tales como monitorización cardiaca o seguimiento del sueño que está canibalizando a otros wearables como las pulseras cuantificadoras. Ante este panorama se comprende la preocupación de Fitbit por no perder el tren y disponer de smartwatches competentes en temática saludable.

En este punto, con la historia ya cerrada, se antoja relevante hacer una valoración sobre la trayectoria de Pebble así como su relevancia en el sector. Pero, desgraciadamente, estas breve “aventura” puede resumirse en una sóla palabra: madurez. Se recordará a Pebble por sus decisiones acertadas, por su buen hacer con el software, y sobre todo por su producto bien enfocado. Esta madurez es impropia de una startup que ha conseguido atraer a centenares de “fans” que portan orgullosos algún reloj de la firma. Esperemos que Fitbit consiga adueñarse de este intangible tan valioso