Los Smartwatches luchan por estar con nosotros

Los smartwatches estaban destinados a ser el siguiente paso. Una vez que los Smartphones ya habían conquistado y civilizado nuestros bolsillos, los smartwatches debían ser la punta de lanza que acabara asentándose en nuestras muñecas. Sin embargo, tras unas batallas iniciales victoriosas, acabaron perdiendo la guerra.

O al menos eso se extrae del reciente informe publicado por IDC sobre las ventas de relojes inteligentes durante el trimestre comprendido entre julio y septiembre de 2016. En él se afirma que las ventas de este tipo de gadgets se han reducido un 51,6% con respecto al mismo periodo del año pasado. Sin embargo, de dicho estudio llama la atención la clasificación de principales dominantes del mercado de los smartwatches, donde encontramos en primer lugar a Apple (41,3%) y sucesivamente a Garmin (20,5%), Samsung (14,4%), Lenovo (3,4%) y… Pebble (3,2%).


¿Cómo es posible que una compañía de la categoría de Pebble pueda tener mejor cuota que gigantes como Huawei, LG o Asus? Pues hay que recordar que Pebble fue el precursor del concepto de Smartwatch moderno. Allá por 2012 ya presentaron un modelo de smartwatch que actuaba como complemento del Smartphone para visualizar notificaciones o controlar el reproductor musical. Sus principales bazas fueron una autonomía longeva de hasta 7 días de recorrido y un precio atractivo. Y quizás aquí se encuentre gran parte de su éxito.

Pebble comprendía que estaba desarrollando un reloj inteligente, pero que, ante todo era un reloj. Porque al fin y al cabo un reloj, por muy inteligente que sea, es un ingenio que sirve para dar la hora fundamentalmente. Así aspectos como la batería duradera, una pantalla de tinta electrónica siempre visible bajo pleno sol, o la resistencia al agua y al polvo, se tornaron imprescindibles para hacer realidad este concepto. A partir de esa base incorporar funciones extra es el valor añadido diferencial.

Y de esta manera supo conectar con su cliente más potencial: aquel Geek que le gustaba la tecnología y las novedades que ésta aportara a su vida, pero que no quería limitaciones excesivas ni en comodidad ni en la billetera. Y es que el precio es la principal barrera entrada a este tipo de productos, por ello tampoco debía ser muy elevado.

La competencia de Pebble se centró en otros conceptos antagónicamente distintos. Básicamente hicieron smartphones con correa, incorporando todos los elementos de éstos. El planteamiento hizo que el reloj apenas llegara al día completo de duración debido a las reducidas baterías que debían alimentar a las coloridas pantallas táctiles y los potentes procesadores que incorporaban. Cargar un reloj todas las noches, por muy inteligente que sea, era una locura para muchas personas. Todo ello a precios superiores a los 200€ en la gran mayoría de ocasiones, y tampoco es que hicieran mucho más que un Pebble en cuanto a funcionalidades. Se adelantaron a su tiempo tanto en tecnología como a la sociedad.

En definitiva, es interesante conocer como una compañía pequeña partiendo prácticamente desde cero es capaz no sólo de salir adelante con sus escasos recursos frente a la competencia titánica, sino de incluso superarles en cuota. Este hecho quizás puede deberse a su enfoque de producto realmente atractivo para un nicho de clientes, o a una competencia que no supo adaptarse a las necesidades de la muñeca.